Identidades políticas y la expansión de las redes sociales

 

Las identidades dentro de los grupos sociales pueden manifestarse de diversas formas, y entre ellas, las identidades políticas juegan un papel fundamental en la organización y participación ciudadana. Una de las identidades políticas más relevantes es la identidad partidista, la cual ha sido el eje central de los estudios de Opinión Pública para comprender la intención de voto de los electores. Parte de su importancia ha radicado en la facilidad con la que puede medirse a través de encuestas de opinión, permitiendo a los analistas evaluar tendencias y comportamientos electorales.

La identidad partidista es considerada un atajo cognitivo para los votantes. Esto quiere decir que le ahorra a las personas tiempo y esfuerzo de informarse sobre las posiciones que defiende una candidata o candidato en particular. En teoría, bastaría con saber su filiación política para suponer en general cómo manejará los problemas más importantes como la economía y la seguridad; u otros temas sociales, como el aborto, los matrimonios entre personas del mismo sexo o la legalización de la marihuana.

Durante el siglo pasado, la identidad partidista solía ser relativamente estable. Esto se debía, en gran parte, a las limitaciones en la comunicación de narrativas ideológicas, ya que los medios de difusión eran principalmente la televisión, la radio y, en menor medida, el periódico. La información política llegaba a los ciudadanos de manera unidireccional, desde los actores políticos y líderes de opinión hacia los votantes, lo que generaba una percepción más homogénea y duradera de los partidos políticos. También implicaba una lenta formación de nuevas identidades partidistas.

Sin embargo, con la proliferación del internet y el auge de las redes sociales como Facebook, Instagram y WhatsApp, la dinámica de comunicación política ha cambiado drásticamente. Las narrativas ideológicas ahora pueden difundirse con mayor rapidez y alcance, permitiendo que los ciudadanos no solo reciban información de los actores políticos, sino que también la compartan, modifiquen y debatan entre ellos. Este fenómeno ha generado una mayor volatilidad en la identidad partidista, ya que los votantes están expuestos a una diversidad de discursos y opiniones que pueden influir en su percepción política de manera más inmediata.

El impacto de las redes sociales en la comunicación política es evidente en el crecimiento exponencial de su uso en México. En 2023, 83 millones de personas eran usuarias de redes sociales[1], lo que representa un incremento significativo en comparación con décadas anteriores. Por ejemplo, en 2015 el número de personas usuarias de redes sociales era de tan solo 44 millones[2]. Este aumento ha consolidado a las plataformas digitales como un espacio clave para la difusión de información política y la formación de identidades partidistas más dinámicas y cambiantes.

Si bien las redes sociales han facilitado la comunicación de ideas políticas, la efectividad de una narrativa depende de su estructura y claridad. Para que un mensaje político resuene entre la población, debe ofrecer una explicación sencilla sobre el origen de los problemas y una solución clara que los ciudadanos puedan relacionar con su realidad cotidiana. Este principio se encuentra en la teoría de hegemonía y emancipación de Ernesto Laclau, quien argumenta que los movimientos políticos exitosos logran articular demandas diversas bajo una demanda principal, lo que genera una identidad común para quienes están insatisfechos con quien detenta el poder.

Por ejemplo. en México el ex presidente Vicente Fox alcanzó el poder en el año 2000 gracias a una narrativa basada en la necesidad de cambio y democratización. Su discurso logró asociar estos conceptos con la solución a los problemas que afectaban a una mayoría de los ciudadanos, lo que le permitió consolidar una identidad partidista y política fuerte para el PAN y su candidatura, logrando así movilizar el voto en su favor. Sin embargo, en 2006, a pesar de contar con una narrativa bien estructurada, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no logró la mayoría necesaria para ganar la presidencia. En ese momento, la identidad de su movimiento estaba basada en la narrativa que decía que el bienestar de todos dependía de atender primero a los pobres. Debido a que la comunicación política seguía dominada por la televisión y la radio, y que las redes sociales apenas comenzaban a desarrollarse, la identidad política del movimiento de AMLO no logró afianzarse.

Para 2018, AMLO finalmente consiguió la mayoría electoral por tres razones principales: primero, había pasado más de una década comunicando las ideas de su movimiento, consolidando su identidad política; segundo, esta identidad política tenía ya una institución como referente partidista, MORENA; y tercero, las redes sociales ya estaban ampliamente difundidas en el país, permitiendo que su mensaje llegara de manera más directa y efectiva a los ciudadanos. En esa ocasión, la narrativa central fue que la corrupción era la causa principal de los problemas nacionales. Si el dinero quedaba entre los poderosos, no podía llegar a beneficiar la economía de la población ni destinarse a resolver las causas de la inseguridad. Este mensaje, sencillo y fácil de comunicar, se convirtió en un referente clave para los votantes y fue difícil de contrarrestar con ideas más complejas que presentaron sus rivales.

A pesar de la creciente volatilidad, la identidad partidista seguirá siendo un referente cognitivo para los electores aún cuando tenga el potencial de ser más cambiante y de ser sustituida parcial y temporalmente por identidades políticas basadas en movimientos liderados por actores políticos, como ocurrió en la elección de Estados Unidos con Donald Trump. En casos como este, si las ideas terminan siendo absorbidas por una institución partidista pasarán a ser parte de la identidad partidista en el análisis. De otra forma deberemos considerar el concepto de identidad política en un sentido más amplio.

[1] Encuesta Nacional Sobre Disponibilidad y Uso De Tecnologías de la Información en los Hogares, 2023.

[2] Encuesta Nacional Sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares, 2015